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Por los Juanchis de este mundo

Por los Juanchis de este mundo

La mamá de Juanchi era puta y él lo sabía. Era un niño pecoso de ocho años que no hizo la tarea cuando la maestra le pidió a la clase que escribieran qué hacían sus mamás. Enrojeció hasta las orejas y casi se orina encima cuando empezaron sus compañeros a pasar al frente. Vino el descanso del recreo y el niño no se movió de su lugar, la maestra se acercó y Juanchi empezó a llorar contándole lo que sabía de su mamá, entonces lo abrazó muy fuerte mientras pensaba. De repente le dijo: “Escribe, escribe Juanchi que yo te ayudo”.

Al volver del receso, una voz firme llenó el salón diciendo: “Mi mamá hace el trabajo más difícil del mundo pero alguien tiene que tener la valentía de hacerlo. Ella, ayuda a las personas con ciertas necesidades, dándoles muchos abrazos y cariño para que se sientan tranquilos y después no vayan a otro lado y puedan llegar a lastimar a otras personas. Mi mamá es una buena persona y es muy valiente. Cuando yo termine la escuela voy a ayudarla mucho para que ella no tenga que seguir haciendo este trabajo”.

Después de sentir la ternura con la que alguien limpió el cristal a través del cual solía observar las cosas, una vez renovada su fe y su mirada, desde la altura de sus 8 años y la imparable nobleza de su corazón, Juanchi pudo pasar al frente a hablar de su mamá. Y fue su maestra, el puente grande y generoso que lo llevó de la mano sin soltarle, a la salida de la más desoladora decepción al más grande de los orgullos.


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