Korima PLACE

Jesús Chávez Jiménez

La muerte del general

Mi madre fue mala. Demasiado. Hasta el día de su muerte, me trató con dureza. Yo la quise así. Nunca le retobe. Le aguante todas sus villanías. Como aquella del dos de septiembre de 1950 que me aventó prácticamente de su coche a las puertas de la Escuela Primaria José Vasconcelos. ” bájate ya. Tu salón es el primero D. Y pobrecito qué te pierdas. O llores. Del aventon, aparte del dolor físico. Soy un niño con secuencias de poliomielitis. Me dolió el alma por el desprecio.
Arrastrando mis pies clavados con fierros, cargado por dos odiosas muletas, llegue a ese salón que nunca olvidaré. Al abrir la puerta veo decenas de alumnos. Unos deformes, otros mayores que yo.Sillas de ruedas cargando a niñas. Al centro un mesabanco libre. Me dirijo hacia el, sintiendo la mirada de quienes serán a partir de este día mis compañeros. Me siento con dificultad y acomodo mis muletas en el piso.
Al levantar la vista la veo. Ahí observándote está ella. La maestra.Me sonríe y me pregunta en cascada.
Soy la maestra Sofía de La Cruz, bienvenido
¿Nombre?
Santiago Meraz
¿ Edad?
Ocho años
¿ Lugar de nacimiento?
Pabellón de Arteaga, Aguascalientes.
¿ Padres?
Mi padre es el general Bonifacio Meraz. Jefe de plaza de este lugar, digo con orgullo.
Muy bien Chago ¿Chago? Es la primera vez que alguien me dice así. Chago, Chago, Chago, se replica el sonido suave de voz de la maestra. Una mujer hermosa; pelo largo. Ojos negros. Senos grandes y una pequeña cintura. El resto de su cuerpo lo cubre su uniforme azul que la tapa desde el pescuezo hasta los pies.
Bien Chago tu madre ¿ Cómo se llama?
No tengo madre, maestra.
¿ Como? Aquí tengo tus datos. Y la que te inscribió es la señora Edelmira Rubalcaba.
Me asfixio. Y no me queda más que aceptar que tengo madre.
Aquí nada de mentiras, señorito. Y siéntese. Empezamos la clase.
No terminaba de sentarme cuando se posa sobre el mesabanco una mano regordeta. Es de mi compañero de banca
Soy Simón. Ten. Es tuya. Abre la manaza y esta una chicharra adormilada. Parece una gigantesca mosca negra. Agarrala, no pica.
La clase siguió. Y a las dos suena la campana. Es hora de salida.
Espérate Chago. Yo te ayudo con las muletas. Apóyate conmigo. Y ahí vamos. Simón tiene catorce años. Y me platica;
He reprobado por cuatro años seguidos. No me enfado. Yo sé que algún día me aprobara la maestra.
No avanzamos más. Antes de llegar a la salida está mi madre platicando con mi maestra. Al acercarnos. Me grita ” bestia huesuda. Y deforme ¿ Porque me negaste.?
para que no se avergüence de mi,madrecita
Mi madre me quiere a su manera. Eso creo. Pero a veces me entra la duda. Frente a mi nuevo amigo Simón y mi maestra me pega en la cabeza con su paraguas. Me duele. Y creo que me escurre sangre. ” señora no le pegue a Santiago. No le pegue” clama Simón.
Yo con este monstruo hago lo que me da la gana. Y no te metas, mastodonte de mierda, porque a ti también te toca.
Los golpes cesaron. Y mi madre jadeando como un toro, sube al coche. Y yo me acomodo como puedo en la parte trasera. Y desde lejos le digo adiós a Simón y a mi maestra.
Llegamos a la finca El realito donde vivimos. Y a las tres en punto empieza el ritual de la comida. Mi padre el general de mil batallas en la revolución, viste un traje negro. Porta Una corbata que fue de su padre que fue también general. A su lado su pistola. Una escuadra 45 chapeada en oro. Y las iniciales en diamantes; BM.
En el otro lado, tiene una sandía A corazón abierto, rojisimo. Come y come.
En su momento me mira. Y me pregunta ¿ Como te fue en tu primer día de clases conocí a una maestra, muy linda. Y a un amigo muy alto.
¿ Eso es todo?
No, mi madre se enojó, porque la negué.
Ja, ja, ja ! Qué poca madre tienes Santiago. No la niegues, es tu madre por siempre.
Mi padre es mayor que mamá. Ella tiene 30 y el 60. No comen juntos. Ella es bellísima. Y mi padre horrible, parece un bisonte.
Mi madre come en el Jardín con sus amigas. No deja que me acerqué. No me importa. Yo soy feliz comiendo con mi padre. Me cuenta historias.Me gusta una la de un general que fue su maestro de guerra. Don Celerino Rosales. Un buen hombre pero ignorante. Una noche llego de una incursión en la sierra a la ciudad de Aguascalientes. Y se hospedó en los Cipreses el hotel más fino. Al entrar a la suite se quedó maravillado. Pero no se sintió a gusto en las camas. Y salió a donde estaba amarrado su caballo y le quitó el suadero y ahí se acostó. Pero no supo cómo apagar la luz entonces le amarró la bota al foco. Y amaneció achicharrada.
Esas eran las anécdotas de mi padre. Un padre al que abrazaba con veneración y admiración. Y al que siempre le decía ” pa, yo quiero ser general como tú.” Y me miraba con ternura y respondía muy despacio. Lo serás, Santiago.
Mi padre es así; cariñoso conmigo. No le importan mis deficiencias corporales. Y yo lo quiero. Y admiro.
Al segundo día de clases mi madre no me lleva. Me manda con el teniente Retamoza. En un jeep del Ejército me siento bien. Mis muletas en la parte trasera. Voy feliz. Llego al salón. Y ahí está Simón. Le alargo mi mano con el puño cerrado, Y cuando me extiende la suya la abro. Y se ve un escudito de oro. Tiene grabado el número 201. Es un regalo que le hicieron a mi padre los oficiales del Escuadrón Aéreo. Y se lo robe. Y ahora es de Simón.

Es tuyo. Consérvalo siempre, nunca lo pierdas. Los ojos del gigantón se mojaron. Y se guardó el regalo. Y la clase transcurre. Empezamos con las vocales. Y caligrafía.

Observó de reojo a Simón. No hace nada. No raya el cuaderno. No presta atención. Su mirada está desvalagada. Ido, perdido. Y así hasta las dos.Salimos platicando. Y no me quedo con las ganas. Y le preguntó ¿ qué pasa, qué te pasa?

Me salgo de la escuela el viernes. Despidieron a mi padre del Ferrocarril. Mi madre está enferma. No tenemos dinero para comer. Estoy triste.
Un escalofrío me recorre el cuerpo. Me duelen las palabras. Me despido así, con melancolía.

Afuera está el carro de mi madre. Un Desoto de lujo. Es color azul. Me ve con desprecio y me indica que me acomode atrás. Todo el trayecto callada, al llegar rompe el silencio para advertirme ” si te sigues juntando con ese animal, mandaré que le pongan una buena chinga”

No le contesto. Me bajo del coche y me cambio para la comida con mi padre.

El mismo escenario. Ahora en lugar de roja Sandía tiene una charola de brevas. Se ven ricas. Después de la bendición de los alimentos. Me pregunta ¿ cómo te fue?
Mal. Mi amigo Simón se sale de la escuela. Su familia no tiene para los alimentos. Su madre enferma. Y a su padre lo despidieron.
Mi padre escucha. Y después de engullir un bagre bigotón. Me dice ” dile a tu amigo que me busque en el cuartel. Ocupo quien limpie mis botas. Y quien limpie el jardín de esta casa
¿ que edad dices que tiene?
Catorce, pa
Ya tiene buena edad para esos menesteres. La única condición es que no se salga de la escuela. Que trabaje por la tarde.
La nobleza del general se manifestó en abundancia. No solo le dio trabajo a Simón, sino que mandó arrestar a los dueños de la estación ferrocarrilera que despidieron a su padre. Y de pilón metió a su madre al hospital militar sin costo.
Este era el poder de mi padre. Un hombre exageradamente feo.

El tiempo juguetón como es siguió sus protocolos, pase y pase. Simón, mi amigo a sus catorce años vestía ya el uniforme militar. Mi padre lo avitualló de todo. Ya no anduvo descalzo, sino con botas. Y era el encargado de bolear el calzado del general. Y además limpiar los sanitarios. Y prepararle el té a mi padre. A las seis de la tarde.

Del cuartel al Realito. Y Una tarde se armó la pelotera en casa. Mi madre no lo había visto en los extensos jardines. Y le grita ! Qué hace este animal en mi jardín. Guardias azótenlo. Y si lo matan, mejor!

Los soldados que cuidaban a mi madre entre ellos el Teniente Retamoza se le echaron encima a Simón. Y al darle el primer golpe y a punto de matarlo se escucha un vozarrón que retumba toda la Finca ” El que toque a Simón, se lo lleva la chingada. Y entiéndanlo de una vez. Simón es mi jardinero. Y respétenlo. Y esto también es para ti Edelmira. No me colmes el plato. Y santo remedio. Todo en paz.

Concluyó el ciclo escolar. Simón después de cuatro años en primaria, pasó a segundo año. Empezamos a leer. Y a escribir. Y cuando había tiempo Simón me enseñaba a podar los Rosales. A injertarlos. A cuidar las bugambilias. Y a sembrar claveles y todo lo de jardinería. Todo era feliz. Hasta que llegó la tragedia a mi vida

Otra vez llegó el dos de septiembre. Y otra vez a clases. Al segundo año. Listo en la cochera esperando a mi madre, que me lleve. Pasan las ocho. Las nueve. Y nada. Mi padre en el cuartel. No llega tampoco El teniente Retamoza, no está. La desesperación me lleva por el extenso pasillo de esa casona de cantera. La más bonita de Aguascalientes. Arrastrándome con mis muletas y mis pies embarullados llegó a la recámara de mi madre. Y lo que veo me da miedo y asco. Mi madre asesinada. Destazada, sangre por todos lados. A su lado desnudó el cuerpo del Teniente Retamoza. Ese lugar huele a muerte. Lo demás fue fatídico.

Mi padre desecho por este crimen y traición, Con los haberes de su jubilación paga grandes cantidades de dinero a detectives. Clama al gobierno de Adolfo López Mateos que le ayuden a encontrar a los asesinos de mi madre. Nadie supo. Nadie vio nada. Una sola pista no había.
Contrata al detective Ramón Elizondo tercero. Un general retirado. Un hombre misterioso. Su pasado se remonta a Fronteras Tabasco. Elizondo empieza a revolotear todo. Desde la servidumbre, hasta los familiares del Teniente Retamoza. Y nada. No hay un solo indicio. Revisan toda la casa. El carro de mi madre-!!!!!carajo !!! no hay nada. Exclama, Elizondo encolerizado.

Herido en su ego. Este detective logró la captura de todos los asaltantes del tren de valores de la Sedena en 1948 y en el 49 atrapó a los asesinos del presidente del Banco Comonfort. Javier González Corralejo.

No es posible que no encuentre nada de este mendigo asesinato de esta pinche vieja, puta.

Nada de nada. Pasan los días. Los meses, nada.

Y pasa lo que tenía que pasar. La muerte de mi madre, fue un crimen sin resolver.

Nos cambiamos de casa. Y el dolor en mi y en él,no cesó nunca. Antes de que se cumpliera un año de la muerte de mi madre, mi padre se dio un balazo. En su biblioteca. Se fue, un gran hombre.

Un fideicomiso del Banco Central, se hizo cargo de mis estudios y manutención.

Seguí estudiando. Simón se entrampó en la secundaria. Ahí duró varios años. Hoy Se mantiene administrando una cadena de viveros en todo Aguascalientes.

Yo estudié en California,ingeniería en sistemas con especialidad en aeronáutica. En 1977 me escogieron para vender a varios países flotillas de aviones F5.

Un amigo de mi padre El general Ramón Mestre me acerco al Ejército Mexicano donde ahora soy capitán. Si. Así, con mis pies débiles.

Y este día que empecé a escribir estos apuntes personales espero a mi gran amigo Simón. Ya estamos viejos pero la amistad persevera
Hola Simón, ¿como has estado ?

-Bien Chago. Y tú ¿ También ?

Si. Mira Simón, te traigo un regalo que te gustara. Abro mi mano y dejó caer un escudito de oro. Tiene grabado el número 201.

El rostro de este hombre, casi un gigante se descompone. Y de esos ojos avispados sale una lagrima. Y una confesión.
Esa mujer. No merecía vivir. Era mala. E infiel


Jesús Chavez Jimenez
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