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Siempre en Domingo - Arturo Meza

Siempre en domingo

Duraba como seis horas el bendito programa que dirigía Raúl Velazco, era un programa de variedades estelar de Televisa adonde acudían artistas de todo el continente pues salir en Siempre en Domingo, para cualquier artista, era una especie de consagración en su carrera. El señor Velazco así, se convirtió en el zar del entretenimiento en el país y la gente moría por estar alguna vez en el foro donde se llevaba a cabo Siempre en Domingo. El espectáculo constaba de varios segmentos, entre ellos, la primera parte que se llamaba “México, magia y encuentro”. Velazco acudía, cada semana, a un Estado de la República y daba a conocer, cada domingo, su gastronomía, folklor, personajes, paisajes, costumbres, leyendas, en fin, sus particularidades. Se invitaba, también, a presenciar el programa a oriundos del Estado –famosillos, notables- que residían en la Cd de México.

Que le toca a Baja California Sur, los asistentes del Sr. Velazco seguramente no encontraron demasiados conocidos ni famosillos sudcalifornianos, buscaron y buscaron sin encontrar cantantes, poetas, escritores, artistas, políticos, militares, dignos de tomarse en cuenta, seguramente buscaron hasta en el directorio telefónico que fue como dieron con la Casa del Estudiante Sudcaliforniano situada en la Colonia Álamos. Llegó la invitación, se corrió la voz y hasta los que no vivíamos en la Casa nos colamos al programa.

Algunos éramos revolucionarios, programas como “Siempre en Domingo” significaban el pan y circo del sistema PRI-Gobierno, la infiltración del imperialismo yanqui en el límpido pensamiento nacional; la mediatización que la burguesía lanzaba contra la lucha de clases; estratagemas de los propietarios de los medios de producción para mantener controlado al proletariado, era, en fin, veneno –el opio- del pueblo trabajador. Pero pudo más el mitote –que nuestras convicciones revolucionarias- y ahí vamos, unos cincuenta-sesenta sudcas, para Televisa Chapultepec. De entrada saludamos al Mauricio Bautista y a la Pichurris que vestidos de cuera y flor de pitahaya, integrantes del ballet folklórico del Estado, no tardarían en lanzarse por cadena nacional a zapatear La Suegra, El Conejo y el Chaberán.

Apenas nos estábamos sentando cuando unas señoritas bellas y agraciadas que bailoteaban alrededor de las butacas, nos entregaron matracas a los hombres y pompones a las mujeres para que nos uniéramos a la algarabía en un foro de unas quinientas personas. En cuanto salía a escena el conductor había que aplaudir, aparecía el cantante y…aplaudir, el conductor mandaba a comerciales y …aplaudir, que de nuevo el conductor …aplaudir. Eran demasiados aplausos para un sudca. Las animadoras se desgañitaban pidiéndonos por favor que aplaudiéramos, que agitáramos los pompones, que le diéramos vuelta a las matracas pero, al parecer, no hacíamos tanta bulla como quisieran o como, a los mejor, les exigían.

Las muchachas corrían de arriba abajo, por la fila de los sudcalifornianos, se ponían enfrente del grupo para que las viéramos tan entusiastas, tan contentas ellas, para contagiarnos ese estado  de exaltación frenética… y los sudcas, inconmovibles. Unos. quizás porque éramos revolucionarios y no le íbamos a hacer el caldo gordo a nuestros enemigos de clase, otros, porque siempre hemos sido así los sudcalifornianos, ¿por qué?, no lo sé, pero dicen que la vez vino Luis Miguel a La Paz, juró no volver, fueron tan pocos los aplausos. Alguna vez lo constaté: vi a Daniela Romo en La Perla de La Paz, en ese entonces estrella de las telenovelas que además, siempre tenía un éxito musical en la radio. Por un buen rato nadie se le acercó para pedirle un autógrafo. No somos fácilmente impresionables, dice el Mundo –Lizardi- que es un rasgo de carácter –el spleen- del finisterra. Nos hacían señas que el aplauso tenía que ser más largo, más fuerte, que había que darle vuelta a la matraca, mucho más cuando entraban en escena Julio Iglesias, Alberto Vázquez, Nelson Ned. Las muchachas saltaban, gritaban, chillaban y nosotros nos les quedábamos viendo como bichos raros.

El colmo fue cuando aparece Julio Iglesias, el público grita, se agita, salta, aplausos por doquier, matracas a pasto, entonces, una de las edecanes se para enfrente del grupo y escoge a una de las más guapas de las sudcas para que le lleve un ramo de flores al cantante, que además, le plante un beso en el cachete pero nadie quiere, Paloma Famanía se lo pasa a Norma Rivera, ella a otra, finalmente el ramo de flores termina en el piso. Las edecanes ya se veían encabronadas con ese grupo de aguafiestas.

Las animadoras sin saber qué hacer con sus aguados invitados, entre comerciales, intentaron finalmente, que hiciéramos una porra y se escuchara –por lo menos- alguna expresión sudca. Se hace el grupito para inventar la porra y a alguien se le ocurre una porra no muy profusa que decía así: “¡puchi me, puchi me/me verás, me verás/Arriba La Paz”. Así que la ensayamos en caliente, las edecanes nos escucharon el ensayo y una se acercó a preguntar qué significaba “puchi me, me verás”, alguien le respondió que significaba “somos valientes, fuertes y orgullosos” en guaycura. El caso es que la porra salió horrible, afortunadamente el programa se acababa, ya no veíamos la hora de irnos y las animadoras, la hora en que desapareciéramos de su vista.


Arturo Meza
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