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Recuerdos y tesoros de ayer - Elizabeth Acosta

Recuerdos y tesoros de ayer

Mi padre siempre tenía la costumbre de conservar sus recipientes donde diariamente hacía su café, su taza color Blanca, la azucarera, etc tenían un valor muy estimado por el siempre las reclamaba si no estaban en su lugar, gratos recuerdos me vinieron a la cabeza, recordándolo diariamente en su rutina por ello comparto…

La Mamá la llamaba la tetera de la abuela, ellos la conocían como la cafetera de la abuela, era curioso, porque a pesar de que era la cafetera de la abuela, la conocían y la apreciaban nunca la usaban, la habían encontrado un día de limpieza entre los trebejos olvidados en la “bodega” un cuarto de cartones y madera que tenían en la azotea de la vecindad donde vivían ahí en Magnolia 25, el Papá opinaba que la tiraran por que ya estaba vieja y no servía, la Mamá se oponía a tirarla, había que guardarla, por que le recordaba cuando llegaron del rancho, apenas y lo recordaba pero lo recordaba.

Allá en el rancho usaban ollas de barro para hacer el café y para poner los frijoles, y cuando llegó con su familia a la ciudad, su Abuelo trabajó de ayudante de albañil, de matacuaz, decía el tío Esteban, no se ganaba mucho pero daba para vivir, con el tiempo su Abuelo llegó a ser el brazo derecho del arquitecto, eso lo contaban con mucho orgullo; y un día de raya, cuando iba pasando por el mercado Martínez de la Torre, en una tienda de esas grandes vio la reluciente cafetera en la vitrina y se quedó un largo rato viéndola y haciendo cálculos, se cohibió un poco cuando se acerco un señor, el dependiente, y le dijo: – ¿en que le podemos servir?-, – ¿ que le gusta?- Tenemos precios módicos!, preguntó el precio de la cafetera, lo pensó un poco y se decidió ¡que caray, su vieja la merecía¡ se la envolvieron en una hoja de periódico y con su tesoro bajo el brazo emprendió el camino a su casa, cuando llegó, como al paso, sin querer, le dijo a su mujer: toma compre esto y le alargo la envoltura de papel periódico y siguió a lavarse en el otro cuarto, cuando oyó un gritito de su mujer, se sintió muy contento, orgulloso, ¡miren una cafetera de peltre¡ y al ver la alegría de su mujer pensó que valió la pena el esfuerzo, ¡miren niños, miren, una cafetera, ya no usaremos la olla de barro, se veía radiante, después contaría que fue el primer utensilio que tenia en su pequeña cocina, que no fuera de barro, inmediatamente mando a la niña a comprar un sobre de café legal, aunque aun era temprano, así inauguraron la cafetera y “la era del peltre” en casa decía la Mamá con orgullo, después llegaron cazuelas, ollas, platos, tazas, pero la Mamá siempre recordaba el suceso de la cafetera y ahora a ellos les gustaba la vieja cafetera, nunca la usaban , pero cada que la sacaban o la veían por alguna cosa del destino.

La Mamá les contaba alguna historia diferente, curioso o chusca, por eso le fueron tomando aprecio a la vieja cafetera, la Mamá la veía, la “abrazaba” y empezaba, por ejemplo: fíjense niños que cuando vino el abuelo del rancho, le hice un café “sabrosísimo” y le gusto el sabor que le daba la nueva cafetera, ellos recordaban al abuelo como un viejito cansado que cuando llegaba traía cecina seca, huevos y alguna vez una gallina, de las buenas, de las de rancho; o cuando la familia se reunía, decía la Mamá, hacíamos café y comprábamos bolillos para todos (era el pan mas barato) y la tertulia trascurría entre chismes café y bolillos, o cuando venían los amigos de su Papá y entonces se pasaban las tardes platica y platica, casi siempre con noticias del rancho: fíjate que se vino el Nabor, por que dice que este año se malogro su cosecha, ahí esta arrimado en lo de Justino o vino el presidente municipal a comprar al vestido a la Reyna de la feria, el Zósimo lo hospedo ahí en el hotel donde trabaja; y tome y tome café, recién hecho en la mágica cafetera, su Mamá les contaba que la abuela siempre de decía que la lavara con mucho cuidado para que no se despostillara “por que era un gran esfuerzo de su Papá) o como cuando entre risas les conto del día que por estarse arreglando (para ir a echar novio con su Papá) dejo que el agua se secara y empezó una humareda en la cocina y su Mamá la “reprendió” severamente, también les conto cuando por andar de “enamorada” se confundió y en lugar de echarle azúcar al café, le hecho sal, esperaba una regañiza de su padre y solo fue que todos se rieron y dijeron “mírala es que esta enamorada”, logrando que ella se ruborizara y aunque los niños ya no la conocieron, querían a la abuela a través de su cafetera y las historias de la Mamá, le llamaban la cafetera mágica, por que detenía el tiempo y abría la llave de los recuerdos. fuente


Elizabeth Acosta Mendia
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