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Profesora Chuy Rolland - Elizabeth Acosta

Profesora Chuy Rolland – La entrevista

“Formadora de instrucción pública . Nací en La Paz, primero lo primero, porque si no nace uno, no hace nada, ¿verdad?”. Así empezó una simpática entrevista con la profesora Chuy Rolland, quien vino al mundo el 2 de Enero de 1908, y realizó sus estudios en esta misma población, en la escuela Melchor Ocampo, en la Normal (título de profesora) y en el Instituto de Capacitación del Magisterio (en este lugar obtuvo su segundo título profesional).

Fueron cuarenta y cuatro años de labor educativa en diferentes escuelas. Empezó a trabajar en la Gregorio Torres Quintero (de La Tenería), en el año de 1926, de la que por esos tiempos era Directora la Profesora Isabel Noriega, de quien guarda muy grata memoria y después trabajó bajo las órdenes de la maestra Hirales Carballo. “Aprendimos mucho en esos años de esas profesoras que tomaban su trabajo con mucho empeño y cariño”. Luego pasó a la escuela Miguel Hidalgo; ahí atendió grupos de cuarto, quinto y sexto año. Recuerda a alumnos de conocidas familias de La Paz, tales como los Cachola, los Mendoza, los González Rubio, los Moreno, los Isaís y otros.

Al final de la década de los treinta, participó en la fundación de la escuela Rosendo Robles “la hicimos a base de cooperación popular, aprovechando el cariño que la gente demostró al capitán de altura Rosendo Robles”.

Surgió por ese entonces un conflicto entre el magisterio y el gobierno, pues “les daban maltrato a los maestros, les pagaban poco y para completar, a los jóvenes los mandaban a la ciudad y a los viejos, los mandaban al campo. Decían que la experiencia y esas cosas. Entonces hicimos un frente, nos juntamos, hicimos planes para levantar la moral del magisterio y empezamos a prepararnos mejor. Éramos ochenta y tantos maestros. Entonces nos corrieron de aquí por sindicalistas a Lorenzo López, Chayo García, a Julia y a mí –buenas pulgas- y nos mandaron a los ranchos para allá para el lado de San Antonio y nosotros encantados de la vida”.

De ese hecho existe un recuerdo imperecedero, “un símbolo moral muy bonito, pues plantamos un árbol que se llamaba El Árbol Nuevo de la Vieja Escuela”.

Después del exilio por los pueblos del sur, volvió a la Rosendo Robles y ahí se jubiló años después. De la escuela Robles, a la que sirvió durante un lapso largo, nos cuenta algunas cosas de las que hoy se siente satisfecha: “Hicimos funcionar cursos de enfermería para adultos, teníamos una escuela vespertina para adultos (al principio no querían ir y los teníamos que llevar con un gendarme, pero cuando empezaron a escribirles cartas a las novias la cosa se puso sabrosa). Construimos unos galerones para cubrir las necesidades de aulas…esos eran los primeros años de la carrera, eran los tiempos en que uno llega empujando burro, como dicen luego”.

Mientras la entrevistábamos, timbró el teléfono. Habló un rato y al terminar explicó: “era una ex-alumna, nunca dejan de llamarme y verás que siento una cosita así muy bonita”.

Dice que toda la vida le gustó el magisterio y que en muchas ocasiones participó en la vida sindical de ese gremio.

Platíquenos de alguna de esas cosas- “No me saque tanto oiga…pero ya en serio, una vez me mandaron al estado norte a una comisión bastante delicada, a resolver un conflicto y me tocó sacar al maestro. En esa ocasión anduve agitando la masa” y empieza a reírse con alegría contagiosa (situación que aprovechamos para tomar una foto, pero al ver la cámara se pone seria). _Queríamos tomarla cuando se estaba riendo- “Van a tener que hacerme cosquillas”. Diez años impartió clases en la Secundaria Morelos, “Primero de matemáticas y después, por razones de programa se creó la asignatura de industrias (lo que son hoy los talleres) y me dieron la clase de cocina y hay te voy a la cocina. Y resultó que las alumnas sabían más que yo. Me reía sola, pero siempre guardaba mi postura. Pero luego luego resolví el problema: un diez a la alumna que sacara platillos de su cabeza y eso dio muy buenos resultados. Al principio no sabía ni encender el horno -risas- y le tuve que pedir a la profesora Josefina Meza Olmos que me enseñara. -Suspiros- me acuerdo cosa muy chistosa y de esas que hacen tronar el alma; los muchachos se iban a la cocina y se escondían en las alacenas para robarse los pasteles que hacíamos y si todavía no estaban, se robaban la masa para hacer competencias a ver quién la pegaba mejor en los techos de los salones… ¿serán perros tú?- Propietaria de un ingenio a toda prueba es autora de una expresión popular: “Aquí entre nos” que todos hemos oído alguna vez con su respectivo crédito. “Siempre me ha gustado mucho el barullo y siempre andábamos lanzando reinas. Teníamos suerte de que siempre ganaban nuestras candidatas. Esa vez lanzamos a una muchacha Unzón y el resto de las compañeras se fueron al norte a buscar votos y volvieron a la hora del último cómputo. Yo estaba muy nerviosa por no saber cómo íbamos a salir y les dije: Aquí entre nos manita, ¿cómo andamos? Y la muy tonta estaba hablando frente al micrófono y toda la gente se dio cuenta. De ahí viene y luego la palomilla se ha encargado de repetirlo”. Le preguntamos acerca de su participación en la cosa pública. Aparenta no entender y contesta: “Mira, nunca he dejado de andar en el barullo, ni he dejado de hablar de la gente, de picarles el amor propio, para que hagan cosas, para que se muevan pues”. ¿Qué les diría a los maestros jóvenes?

“Que no tuvieran ese criterio, porque esperan puras elevaditas. Yo creo que ellos ven la vida muy fácil y hay que tratar de despejar la incógnita de la vida.

Los que estamos, estamos para servir y preparar nuevos elementos y México espera que sus hijos le sirvan”.
_¿Y a los jóvenes en general?

“Que no dejen el estudio, para construir un México mejor, un México digno de los mexicanos. Que no tomen el trabajo manual como un desprestigio. México necesita de la industria, necesita de manos trabajadoras para salir adelante”.

_Algo que hayamos olvidado preguntar y que quisiera agregar-

“Cuando se hayan ido me voy a acordar”.#Elizabethamendia


Elizabeth Acosta Mendia
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