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Mario Almada y Yo - Miguel Angel Aviles Castro

Mario Almada y yo

Fue cuando dijeron que se acabaría el mundo y todos nos íbamos a extinguir , menos las cucarachas. Al día siguiente nos reuniríamos para la despedida pero una noche antes recalamos en la llantera, y ahí seguían El Güero y el Lobo. Al Güero ya lo conocía, al Lobo , no . El Rogelio me lo presentó y ,en una de esas que fui al baño, le dijo que yo vivía en Sonora y que era el abogado de Mario Almada .

El Lobo tenía una cara que le hubiera resultado de sumo interés a César Lombroso para constatar su teoría del delincuente nato pero una inocencia de niño que se hacía presente cada vez que platicaba . También se me hace que sus pulmones no andan bien porque de repente respira hondo y tose como si fuera el claxon de esos carros que arregla en el patio de su casa. El Rogelio desde que fue el abanderado en la primera a la fecha, siempre ha tenido ese perfil de seminarista pero acumula una vagancia que haría juego con la cara del Lobo.

Cuando regresé del baño , el Lobo me acercó unas de las caguamas más heladas, me sirvió en un vaso y ya no se separó de mi .- ¿Que dice Mario Almada? inquirió – Ahí anda , respondí como para seguir la plática y agradecerle el detalle de la caguama .- Anoche vi una de sus películas, dijo, , al tiempo que sacaba uno de a cien porque ya empezaba la coperacha para las siguientes .- órale, le respondí y le alcancé un billete al Aníbal, sin voltear a verlo. El Lobo empezó a interrogarme sobre Mario Almada y después sobre Fernando, su hermano y al ratito citó una canción que, a decir de él, aquellos cantaban a dueto y terminó preguntándome si conocía huatabampo y que tan lejos estaba de Hermosillo. Yo respondí con paciencia cada duda que le surgía al Lobo y como pude le completé la biografía de quien tanto quería saber. El Rogelio me dio una palmadita en la espalda y cruzó el boulevard junto con el Aníbal porque ya estaba por cerrar el oxxo. El Lobo abrió otra caguama de las que quedaban y me volvió a llenar el vaso, mientras El Güero vaciaba en un bandeja una bolsa de papitas y le exprimía dos limones .” Todo por nada ” se llama la que vi anoche, comentó el Lobo y se echó un puño de papitas a la boca .- buenísima , afirmé yo, bien convencido y revire hacia a la calle para ver si ya venían El Rogelio y el Aníbal .- y hace mucho que eres el Abogado de Mario Almada? me preguntó de pronto

El Lobo y yo, extrañado, me le quedé viendo al Güero. Algo quise decirle pero la entrevista se interrumpió con la llegada del Rogelio, el Aníbal y un vientecito fresco y marino que se sumó al ambiente de esa noche. No sé si aún El Lobo siga creyendo lo que esa vez le contó el Rogelio. Hace mucho que no lo veo . El Güero me platicó a principio de año, que,en una ocasión, al Lobo lo quiso parar una patrulla pero sé asustó y se dio a la fuga . Cuando lo detuvieron allá cerca de la playa le pasaron bascula y nomás le encontraron una hilaza,una pistola 38 de juguete, un frasquito de Vaporub y un dedal . Al Rogelio si lo veo o no , a él le vale madre pero estoy seguro que, a su modo, sabe querer a sus amigos.

Tengo ganas de abrazar a los dos. Antes que se acabe el mundo y queden nomás las cucarachas.


Miguel Ángel Avilés Castro
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