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Malitos - Miguel Angel Aviles

Malitos

Yo no sé, bien a bien, qué sea un preinfarto ni mucho menos un infarto. Tampoco una Encefalopatía hepática ni mucho menos un blefaroespasmo.
Muchos otros más tampoco lo saben, pero las pronuncian como si lo supieran.
Se les dificulta decir Parangaricutiro, Tenochtitlan o Constantinopla pero nomás escuchan fibromialgia o musculoesquelético y, en un tris, ya le están repitiendo,con deleite, sin traba alguna .

Pensaré, sobre estos últimos, que hay médicos que, como parte de las recomendaciones para aliviarte, te dicen que debes de aprenderte una a una ,el nombre de estas enfermedades, de los cuales, a mí no me ha tocado ninguno.

De ahí que yo no atino a decirlas con esa facilidad, ni ensayando.

Otros, en cambio, no únicamente se aprenden su nombre, sino que no pierden oportunidad para presumirte qué es lo que tienen y cómo se llama lo que tienen.

Mi teoría es que esa costumbre nos llega cuando ya estamos grandecitos.

Antes, digamos como a los veinte, lejos de aprendértelas y con tal de que no te prohíban salir con los amigos, las niegas, así te vayas hirviendo en calentura o sea inocultable esa postemilla en el cachete.

Pero de pronto nos llega el espíritu hipocondriaco o lo que sea eso y, de muy sanitos, pasamos a tener de todo, aunque no lo tengamos tanto ni sea de gravedad.

A partir de ahí empieza la jactancia y, si se presta la ocasión, se desata la disputa, la rivalidad , como si fuera la lista de sus trofeos en el fútbol o los diplomas de la primaria .

Puede que sí se ande malito de algo, no lo dudo, pero de pronto hay quienes desean con ansias que uno les pregunte cómo están, para soltarte lo que tienen, con un dejo de fascinación como si te confesaran que acaban de adquirir un carro, que van llegando de la Isla de Tristán de Acuña o que anoche hicieron cinco veces el amor.

Da la impresión de que, si se han de aliviar, ruegan a Dios que no sea del todo, porque, de lo contrario, no tendrán tema de conversación a la hora de la comida o más tarde que lleguen las visitas.

Cuando pasa esto último o se encuentran en algún otro lugar dos personas con ese mismo estilo, la cosa se pone mejor porque ninguno se quiere quedar atrás.

Aquello parece una asamblea de la Organización Mundial de la Salud o un examen grupal en una escuela de medicina.

Supongo que gana el que más enfermedades tenga o, de plano, el que se muera primero ahí mismo.


Miguel Ángel Avilés Castro
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