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Los magos - Arturo Meza

Los magos

Tengo una especial admiración por los magos. Recuerdo al primer mago que vi, se llamaba Marcovich –supongo que así se escribía- apenas conservo parte de su perfil, era delgado, narizón, cara alargada y usaba bombín y frac en sus actuaciones, como todos los chiquillos me maravillaba con sus trucos y por más que buscaba descubrir alguna falla nunca la encontraba como no he podido encontrar en toda mi vida de ver magos. Sigo tratando de encontrarle la vuelta al truco ya sin las esperanzas de agarrar a algún mago en la movida.

Supongo que son una especie de cofradía, algo así como una hermandad que jamás revela los trucos, como si los cocineros guardaran con celo sus recetas y solo fuera dado revelárselos a otro cocinero. Nunca he conocido bien a bien a un mago, conozco gente que hace algún truco sencillo y revelable, supongo que se requiere mucho entrenamiento hasta que ya está maduro para presentarse en público. Pero ¿Quién lo decide? ¿Hay escuelas de magos? No conozco ninguna. Es todo un misterio.

He conocido muchos magos, desde los más sencillos a los más complicados, desde los magos pueblerinos humildes hasta los más exitosos e internacionales pero todos me sorprenden igual. Para mi es tan misterioso y requiere de tanta preparación el mago que aparece una moneda en las orejas, el que aparece un conejo como el que desaparece La Torre Eiffel; el que saca un ramo de rosas de una manga como que el que corta una mujer -¿Por qué siempre mujeres?- en dos pedazos, por cierto ¿Cómo lo hacen?. Uno puede ver que en efecto, las dos partes están separadas, incluso despegadas, es más se colocan ambas partes en paralelo, juntas la cara con las piernas y la cara se mueve y hace gestos y los pies se agitan y se encogen ¿Cómo lo hacen?

Una vez vi una obra de teatro en el DF que se trataba de magos. El argumento era, en resumen, que un excelente mago –creo que dominicano- Dino Ramos –se llamaba-  llega al circo a pedir trabajo, estaban solicitando otro mago porque el actual estaba en decadencia, era un borrachín que cada vez le fallaban más los trucos encarnado –por cierto por El Loco Valdés- el mago joven impresiona gratamente al dueño del circo y lo contrata de tal manera que en cada actuación, el mago malo -el Loco Valdés- buscaba la manera de echarle a perder el truco y hacer quedar mal al mago joven. El caso es que en el truco que cortan a la mujer, el Mago Viejo le roba la mitad y se la esconde, uno con una mitad y el otro con la otra, hacían un juego en el teatro en que las mitades aparecían y desaparecían en el escenario. Muy apantallante el truco.

Había uno que salía con Raúl Velazco llamado Chen Kai, hizo una vez un truco que me dejó sorprendido, después lo he visto en muchos magos. Pide a alguien del público que tome una carta de un mazo, que le corte una esquina, el mago toma el trozo y el espectador se queda con la carta sin esquina. El mago lleva una canasta de frutas del cual extrae un melón, corta el melón por la mitad y hay adentro una naranja, corta la naranja y hay adentro un limón, corta el limón y está adentro la esquina de la carta que tiene el espectador, exactamente el pedazo que falta ¿Cómo lo hizo?

Supongo que hay escuelas para magos pero nunca he visto una, sé de tiendas que expenden artículos para magos, con trucos sencillos, que traen un papelito con las instrucciones, que se pueden hacer –con mucha práctica- en familia, pero para que un mago se presente en público, que su actuación se convierta en un espectáculo, supongo que son muchos años de entrenamiento, toda una profesión porque además las especialidades a las que se puede dedicar un mago son vastas que van desde los juegos de manos –ahora está, ahora no está- que parecen ser los más sencillo hasta la desaparición de la estatua de la Libertad como lo ha hecho el gran Cooperfield o los actos de escapismo que le ha costado la vida a algunos magos. Hay algunos juegos de cartas, lo que llaman “magia de cerca” que es asombrosa y magos que son grandes actores, que sus trucos van revestidos de escenarios espectaculares, hay otros muy sencillos, con trucos comunes y corrientes, de cualquier manera me sorprenden porque, aunque sabes que no hay nada sobrenatural, que todo se debe a la habilidad del mago, hay un pasaje al misterio que alimenta la magia y nos llena ese mundo alternativo que todos poseemos, mitos, historias extraordinarias, reminiscencia de aquellos cuentos que nos contaban de niños y soñábamos con otros mundos, con otra realidad.

Parece que los magos tienden a desaparecer, apenas se ve por ahí aquel mago callejero que armaba funciones en la escuela, los podemos ver en los circos que también parecen extinguirse.

Persisten los magos de grandes espectáculos, caros, tipo Las Vegas, quizás ha desaparecido la ingenuidad básica que alimentaba la magia, el acuerdo tácito del mago con el espectador. En estos tiempos sin asombro parece que–la magia- está en otras partes.


Arturo Meza
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