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Evocaciones

En la noche buena - Malena

En la noche buena

En la noche buena estaba cansada y me quedé a dormir con mis padres. Había quedado de llevar un regalo en la noche a una niñita en complicidad con sus hermanas que lo meterían en la casa antes de que Wendy despertara, pero no pude porque con horror descubrí que había dejado el swicht abierto del carro y pues anda y vete que no quiso arrancar. Entonces decidí salir de madrugada a las 6 en uno de los carros del abuelo.

Ahí voy por el pasillo, con unos pants, pelos de loca, secándome la cara que me acaba de lavar, cuando oigo murmullos en el cuarto de mis padres, “ay mis viejos ya están rezando el rosario tan temprano”, en lo oscuro de la casona solo una lucecita devisé, (órale con veladora y todo pensé) nada que ver, la supuesta veladora era el cel de mi amá, que le daba las noticias a mi apá:”Mira nomas estos, y sucedió aquí en La Paz mi Carlos, fíjate, te lo pongo otra vez el vídeo, me lo mandó la Raque (su sobrina) por whastapp, que poca moral, como es posible!” enseñándole al abuelo el mitote de los que filmaban turistas encuerados en las duchas del hotel Zar…

En otro momento del día, entro al cuarto de mi padre y lo veo con el canal en una película y el dormido en su reposet, empiezo a ver detenidamente todo. Atrás de su sillón, su “cuchitril” como le dice mi madre a una serie de cajitas maravillosas que contienen inimaginables cosas, desde tuercas, botones, herramientas, alicatas para cortar uñas, su caja verde con su madral de pastillas, piezas para relojes, navajas de afeitar de las de antes, una colonia Sanborns de flor de naranja, a un lado su cajón con chinolas, cepillos, y trapos para sacar brillos a todos los zapatos de su mujer, hijos, nietos y bisnietos. A su mano izquierda su librero con sus libretas donde está anotado cada peso y centavo que ha gastado en los últimos 5 años, sin margen de error y con rojo lo que nos ha prestado, aunque el mismo diga, “solo lo pongo para saberlo yo, pero no les voy a cobrar el que me debe sabe cuanto, cuando, y como me vendrá a pagar que yo no soy cobrador ni abonero menos”, con sus sombreros perfecto escondite de los chuchulucos que yo le llevo, donde tiene clavados su pequeña colección de crucifijos, abajo las fundas del control de la tele y el aire acondicionado, que nunca están ahí pero funcionan como alcancía para guardar el cambio para ir por el periódico todos los días. El caso es que todo ese escenario estaba muy polvoso. “Ahorita mismo le voy a sacudir todo esto” dije pensando en voz alta, “No me tocas nada” dijo saliendo de su siesta instantáneamente cuando me oyó “pero hay polvo te puedes enfermar” reviré yo, “Maríelena yo soy caminero, todo el polvo del mundo cabe en mi pecho” “yo tambien soy caminera como tú, yo también he andado el mundo” ” No señorita, tú has caminado, yo he hechos los caminos, sabiendo donde empiezan y donde terminan, no nada más anduve ahí dando vueltitas como hormiga con una mochila”…

Mis viejos, señoras y señores Carlos y Elenita, 81 años haciéndose sabios. Ahora desandan su intachable caminar. Gracias a Dios por ellos.



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