Korima PLACE

Desde las entrañas - Emilio Arce Castro

Desde las entrañas del ¡No que no?

Hace más de veinte años, allá por el año noventa y nueve, dos mil y feria, me tocó colaborar como monero en un semanario que se editaba en la Universidad de Tijuana, Semanario Sur, cuyo director era el escritor Edmundo Lizardi, muy apreciado en el mundo literario. Recuerdo que en una de esas ocasiones, la aclamada sección De Pazes y Pazones tenía programado jugarle una broma al buen Daniel “Foca” Tuchmann con una crónica donde el Carambullo Bill lo pondría como protagonista en el antro ¿No que no?. Era viernes y yo me retiré de la redacción como a eso de las dos de la mañana, y el Carambullo se quedó redactando la nota riéndose solo. Cuando ya iba de salida me encontré al Dany Tuchmann que casualmente iba llegando a la redacción con una guitarra y una botella de vino, como solía hacerlo ocasionalmente. Yo me fui. Tenía mucho sueño. –“Ya que termines la historieta vendré a hacer la ilustración para que esté lista antes de imprimir”, le dije al Jefe Lizardy.

Al otro día fui para hacer la ilustración correspondiente y estos canijos, el Mundo y la Foca, se habían puesto de acuerdo y cambiaron de personaje coprotagonista.

La crónica quedó así:

“DE PAZES Y PAZONES

Desde las entrañas del ¿No que no?

Por Carambullo Bill (Semana del 10 al 17 de septiembre del 2000, pág. 27)

Desde este Bunker de la Excelencia, el Descaro y la Fantasía –así bautizado por la Última Neurona tuchmanniana- enviamos un cachondo y viril saludo a los gays sudcas que hace algunos días elevaron sus cadenciosas vocecillas para solidarizarse con sus compañeritos de ruta sexual hidrocálidos, asediados por los pervertidos oscurantistas blanquiazules que intentaron marginarlos de ciertos lugares públicos y regresarlos a la asfixiante atmósfera del clóset, brevísimo espacio donde tantas famas públicas esconden el clamor de sus atormentados esfínteres que exigen algo más que el frío tacto de esos artefactos de plástico que venden en los sex shops del otro laredo y que próximamente empezará a producir en serie una seximaquiladora con sede en la heroica Cachanas Town.

Y aprovechando el viaje, nuestras audaces loquillas cambiaron el discurso de protesta para hacer un llamado a la infinidad de hidrocanoicos enclosetados de la clase huizapolítica para que salgan a la luminosa y fulminante intemperie sudpeninsular a ejercer plena y democráticamente su derecho a la diferencia, a pasearse por nuestro malecón como lo hacían en sus gloriosos tiempos el Manuelón, La Voladora, El Márgaro y El Pargo, entre otros precursores del deschongue hormonal portoilusino…
Y como los del Grupo Lésbico-Gay invitaron a los incrédulos chicos y chicas de la choya press a darse una vueltecita por el lugar sin límites conocido como el ¿No que no?, para que con sus propios ojos atestiguaran la reconversión sexual de algunos de nuestros más preclaros y bigotudos huizapolíticos, el mitotero autor de este mágico espacio farandulero decidió aventarse un reportaje especial in situ, no sin antes marcar el número de la Silvia Gómez, su comadre, para pedirle prestados unos polvillos (de maquillaje, mal pensados), aretes, vestidos escotados y demás parafernalia, y así llegar convertido en una especie de Francis cruzado con Juan Gabriel hasta la atiborrada barra del célebre antro paceño.

Luego de pedir un vodka con popote y ensayar en silencio el tonillo recomendado por la Silvia para tales encuentros cercanos del tercer tipo, el autor de Pazes y Pazones se puso a escudriñar entre la penumbra los rostros prometidos. Fue entonces que desde el rincón del fondo se deslizó una silueta con cadencia de mariposa hacia mi lugar en la barra. “Hola, manita”, me dijo con tipludo acento, “¿Qué te tomas?”

“Ah cabroooón!!”, pensó el trasvestido Carambillín Billín, “pero si es el licenciado Ciry, Superintendente huizapolako para asuntos posmodernos…!!” Mas un venturoso hado cambió el curso de la mano de aquella libidinosa y contrahecha criatura, cuando un gigante de ébano muy parecido al Negresio Morales pepenolo del pescuezo y estrecholo contra su musculosa humanidad para luego empezar a devorarlo escandalosamente a besos antes de esfumarse tras las coquetas cortinillas de un privado.

En la medida que el vodka ascendía por el popote hacia la curtida garganta y condimentada sangre carambullera, las penumbras se aclaraban, las sombras trasmutaban en cuerpos y perfiles precisos como un revelado fotográfico en el laboratorio del Beto.

¡!!Y Wooooowww!!! ¡Qué sofocón! ¡Cuántas virtudes públicas soltándose la greña, deschongadas, tirando la peineta, disfrutando de sus muy relegítimos cosquilleos privados!! Cuántas contradicciones políticas diluidas en este aquelarre de los instintos y los sentidos!!! ¿!Y ahí estaban, atrapados en amoroso y transexenal clinch, Huizapolakos y Choripolainas!!

Ejecutando la danza de las siete velas destacaban el licenciadoCerelak, el CP Bicholín, el Arquitecto Pitol, el Ingeniero Pozol, el LAE Anolillo, el Mtro en Ciencias Koolinio, el MVZ Burrón, el Doctor Vergara, el Filósofo Ideamón, el Poeta Rimadillo, el Artista Plástico Pincelo y una variada fauna sin más títulos nobiliarios que su apellido igualito al del actual presidente de la Madre Rusia.

Y en el puntual registro de esta singular coreografía andaban mis fibras ópticas y espirituosas ya a la altura del séptimo vodkilla con popote, cuando di un de ripenti divisé en el rincón de acullá a una loquilla rechonchita , de lentes, vestida con el típico atuendo de Flor de Pitahaya, que de pie cruzado fumando esperaba el flechazo sobre un diván fluorescente parcialmente cubierto por un biombo oriental.

Algún destello familiar creí descubrir en aquella figura cuasiholográmica y con paso de Reina de los Juegos Florales del Pilar envuelta en las solemnes notas de la marcha de Aída, me fui aproximando hasta aquel alucinante aposento. Cuando tuve de a cuartita la chispeante Flor de Pitahaya llegó la brutal revelación.

-¡!Miiiiilo!!, exclamé

-¡!Carambuuuuuyo!, respondió el imaginativo monero del Sur.

Después de un soporoso silencio y de entrecruzadas miradas escrutadoras, airado cuestioné jaloneando la peluca que mi comadre Silvia me había conseguido con el Fashion.

-¿Qué haces aquí trasvestido y pintarrajeado como la legendaria Mariana, pinchi Milo? ¿No que no?
-Lo mismo que tú- respondió el Milo

-¿Acaso piensas que también he dado el cambiazo, pervertido monero? He venido en plan profesional, periodiquero, a nutrir los veneros de mi prosa…

-Baja tu ronca voz, Carambullín, que aquí las nenas son de tímpanos delicados, y óyeme bien: jamás he dudado de tu virilidad- sustentada en el fálico simbolismo de tu sonoro apelativo y tu condición de macho calado. Si aquí me has encontrado en estas fachas es porque también vine en busca de modelos para una historieta que será un best seller regional…

-¡!Quisiera creerte, inmedible colega, compañero de aventura suriana!!!

-¡!Yo también!!, gritó el Milo soltando una estruendosa carcajada, mientras buscábamos la salida para perdernos en la noche y recuperar nuestras extraviadas identidades entre el viejerío de Las Varitas…


Emilio Arce Castro
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Hace más de veinte años, allá por el año noventa y nueve, dos mil y feria, me tocó colaborar como monero en un semanario que se editaba en la Universidad de Tijuana, Semanario Sur, cuyo director era el escritor Edmundo Lizardi, muy apreciado en el mundo literario. Recuerdo que en una de esas ocasiones, la aclamada sección De Pazes y Pazones tenía programado jugarle una broma al buen Daniel “Foca” Tuchmann con una crónica donde el Carambullo Bill lo pondría como protagonista en el antro ¿No que no?. Era viernes y yo me retiré de la redacción como a eso de las dos de la mañana, y el Carambullo se quedó redactando la nota riéndose solo. Cuando ya iba de salida me encontré al Dany Tuchmann que casualmente iba llegando a la redacción con una guitarra y una botella de vino, como solía hacerlo ocasionalmente. Yo me fui. Tenía mucho sueño. –“Ya que termines la historieta vendré a hacer la ilustración para que esté lista antes de imprimir”, le dije al Jefe Lizardy.

Al otro día fui para hacer la ilustración correspondiente y estos canijos, el Mundo y la Foca, se habían puesto de acuerdo y cambiaron de personaje coprotagonista.

La crónica quedó así:

“DE PAZES Y PAZONES

Desde las entrañas del ¿No que no?

Por Carambullo Bill (Semana del 10 al 17 de septiembre del 2000, pág. 27)

Desde este Bunker de la Excelencia, el Descaro y la Fantasía –así bautizado por la Última Neurona tuchmanniana- enviamos un cachondo y viril saludo a los gays sudcas que hace algunos días elevaron sus cadenciosas vocecillas para solidarizarse con sus compañeritos de ruta sexual hidrocálidos, asediados por los pervertidos oscurantistas blanquiazules que intentaron marginarlos de ciertos lugares públicos y regresarlos a la asfixiante atmósfera del clóset, brevísimo espacio donde tantas famas públicas esconden el clamor de sus atormentados esfínteres que exigen algo más que el frío tacto de esos artefactos de plástico que venden en los sex shops del otro laredo y que próximamente empezará a producir en serie una seximaquiladora con sede en la heroica Cachanas Town.

Y aprovechando el viaje, nuestras audaces loquillas cambiaron el discurso de protesta para hacer un llamado a la infinidad de hidrocanoicos enclosetados de la clase huizapolítica para que salgan a la luminosa y fulminante intemperie sudpeninsular a ejercer plena y democráticamente su derecho a la diferencia, a pasearse por nuestro malecón como lo hacían en sus gloriosos tiempos el Manuelón, La Voladora, El Márgaro y El Pargo, entre otros precursores del deschongue hormonal portoilusino…
Y como los del Grupo Lésbico-Gay invitaron a los incrédulos chicos y chicas de la choya press a darse una vueltecita por el lugar sin límites conocido como el ¿No que no?, para que con sus propios ojos atestiguaran la reconversión sexual de algunos de nuestros más preclaros y bigotudos huizapolíticos, el mitotero autor de este mágico espacio farandulero decidió aventarse un reportaje especial in situ, no sin antes marcar el número de la Silvia Gómez, su comadre, para pedirle prestados unos polvillos (de maquillaje, mal pensados), aretes, vestidos escotados y demás parafernalia, y así llegar convertido en una especie de Francis cruzado con Juan Gabriel hasta la atiborrada barra del célebre antro paceño.

Luego de pedir un vodka con popote y ensayar en silencio el tonillo recomendado por la Silvia para tales encuentros cercanos del tercer tipo, el autor de Pazes y Pazones se puso a escudriñar entre la penumbra los rostros prometidos. Fue entonces que desde el rincón del fondo se deslizó una silueta con cadencia de mariposa hacia mi lugar en la barra. “Hola, manita”, me dijo con tipludo acento, “¿Qué te tomas?”

“Ah cabroooón!!”, pensó el trasvestido Carambillín Billín, “pero si es el licenciado Ciry, Superintendente huizapolako para asuntos posmodernos…!!” Mas un venturoso hado cambió el curso de la mano de aquella libidinosa y contrahecha criatura, cuando un gigante de ébano muy parecido al Negresio Morales pepenolo del pescuezo y estrecholo contra su musculosa humanidad para luego empezar a devorarlo escandalosamente a besos antes de esfumarse tras las coquetas cortinillas de un privado.

En la medida que el vodka ascendía por el popote hacia la curtida garganta y condimentada sangre carambullera, las penumbras se aclaraban, las sombras trasmutaban en cuerpos y perfiles precisos como un revelado fotográfico en el laboratorio del Beto.

¡!!Y Wooooowww!!! ¡Qué sofocón! ¡Cuántas virtudes públicas soltándose la greña, deschongadas, tirando la peineta, disfrutando de sus muy relegítimos cosquilleos privados!! Cuántas contradicciones políticas diluidas en este aquelarre de los instintos y los sentidos!!! ¿!Y ahí estaban, atrapados en amoroso y transexenal clinch, Huizapolakos y Choripolainas!!

Ejecutando la danza de las siete velas destacaban el licenciadoCerelak, el CP Bicholín, el Arquitecto Pitol, el Ingeniero Pozol, el LAE Anolillo, el Mtro en Ciencias Koolinio, el MVZ Burrón, el Doctor Vergara, el Filósofo Ideamón, el Poeta Rimadillo, el Artista Plástico Pincelo y una variada fauna sin más títulos nobiliarios que su apellido igualito al del actual presidente de la Madre Rusia.

Y en el puntual registro de esta singular coreografía andaban mis fibras ópticas y espirituosas ya a la altura del séptimo vodkilla con popote, cuando di un de ripenti divisé en el rincón de acullá a una loquilla rechonchita , de lentes, vestida con el típico atuendo de Flor de Pitahaya, que de pie cruzado fumando esperaba el flechazo sobre un diván fluorescente parcialmente cubierto por un biombo oriental.

Algún destello familiar creí descubrir en aquella figura cuasiholográmica y con paso de Reina de los Juegos Florales del Pilar envuelta en las solemnes notas de la marcha de Aída, me fui aproximando hasta aquel alucinante aposento. Cuando tuve de a cuartita la chispeante Flor de Pitahaya llegó la brutal revelación.

-¡!Miiiiilo!!, exclamé

-¡!Carambuuuuuyo!, respondió el imaginativo monero del Sur.

Después de un soporoso silencio y de entrecruzadas miradas escrutadoras, airado cuestioné jaloneando la peluca que mi comadre Silvia me había conseguido con el Fashion.

-¿Qué haces aquí trasvestido y pintarrajeado como la legendaria Mariana, pinchi Milo? ¿No que no?
-Lo mismo que tú- respondió el Milo

-¿Acaso piensas que también he dado el cambiazo, pervertido monero? He venido en plan profesional, periodiquero, a nutrir los veneros de mi prosa…

-Baja tu ronca voz, Carambullín, que aquí las nenas son de tímpanos delicados, y óyeme bien: jamás he dudado de tu virilidad- sustentada en el fálico simbolismo de tu sonoro apelativo y tu condición de macho calado. Si aquí me has encontrado en estas fachas es porque también vine en busca de modelos para una historieta que será un best seller regional…

-¡!Quisiera creerte, inmedible colega, compañero de aventura suriana!!!

-¡!Yo también!!, gritó el Milo soltando una estruendosa carcajada, mientras buscábamos la salida para perdernos en la noche y recuperar nuestras extraviadas identidades entre el viejerío de Las Varitas…


Emilio Arce Castro
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