Korima PLACE

Avion presidencial

De aviones y sueños húmedos

¡Puchi,mano! Lo que es dormirse en sábado sin haberse tomado ni una sola cawa…

No, pos resulta que me desperté con pesadillas a media noche, sudando frío por culpa de tanto pinchi chistorete que circula con lo de la mentada (de madre) rifa del avión presidencial.

Primero empecé a soñar que iba por el monte caminando, y cuando ya casi iba a tirar el agua abajo de una mata de zalate, el viento me trajo un papelito foliado con mi número de la suerte, y con forma de boleto de rifa de una aeronave, pa´ acabarla de chingar.

Como yo no soy como el presidente municipal, a mí no me gusta ver tiraderos de basura por dondequiera, en chinga recogí la basura esa que finalmente resultó ser el multicitado boleto; ni de miar me acordé… Y que se va haciendo la rifa, y que mi número de la suerte fue el que resultó ganador. P´ta madre. Sí me puse lurio, verás que sí, y ahí te voy.

Desempolvé una credencial de periodisto toda churida que me había dado el profe Pilarillo Cota el milenio anterior para que no me chingaran por el permiso vencido de mi carro, y llegué tempranito a la ceremonia de la entrega de llaves en el Dormidero ese, perdón, en la conferencia mañanera, y ahí, delante de toda la chairada y pioleros, todos periodistos con cachucha de Morena, me entregaron las llaves del puta avión; nomás me dijeron que le pusiera pilas al control, porque el pinchi Chocoflán se había puesto a jugar con las llaves y le agotó las pilas el puta lepe. Ni pedo, dije, y pos ahí voy en chinga, con las llaves en la mano.

No, pues en chinga me dije a mí mismo: Mimismo, ya-chin-gas-te. Primero checa cuanta gota trae el tanque y luego te vas a dar la vuelta por ahí. Y en mi pinchi sueño vi que el avión traía como tres cuartos de tanque. Le ordeñé unos veinte litros p´al Suzuki y fierro pa´ La Paz. Como el pinchi instructivo me valió madre, lo empecé a manejar como si fuera volkswagen: me elevé en primera, metí el cloch y la segunda, y cuando voltié a ver el retrovisor vi que venía aleteando un pinchi ganso y me escamé: aunque está carbón, falta que el PG haya recobrado la cordura y se arrepienta, dije, y en chinga metí tercera y ni el humito me vio.

A webo. Dije yo; ahorita que me aleje un poco de esta ave plumífera, en una chancita me paro por ahí y me bajo a tirar el agua, porque ya me anda. Y así lo dejé. Yo ya había investigado cuánto más o menos pagaban por el kilo de aluminio, de cobre, de fierro etc, y era más o menos un billetón. La gente como que se burla por la rifa del avión, pero más jijuelachingada el que lo compró. Qué más burla quieren.

Pinchi sueño gacho: como a medio tramo, aparte de las ganas de achicar el agua, porque traía la bomba de achique ya casi echando humito, pariente, que me agarra una pinchi tormenta de la que el Eliseo Santana no me había advertido, pero nada pendejo yo, aunque nunca supe dónde quedaban las direccionales, le saqué la vuelta a la tormentita esa y seguí de frente, hasta que vi Los Cabos y de ahí me guié pa´ la Cerralvo. De ahí pa´ cá todo estuvo pelancha. Me fui volando por encima de la carretera transpeninsular, y ya nomás de lurio me fui de paso para El Centenario, aunque para delante se veía nublado en ese sueño, pero me valió madre.

Como que estaba lloviendo por las Pocitas y de plano le entré a la tormenta por Santa Rita. Dicen que los pilotos chingones se forman en las tempestades y le hice frente. Seguí volando en el pinchi avión, pasando Villa Morelos y Constitución hasta que ya de plano no pude seguir volando sobre la carretera, porque estaba corriendo el arroyo de Las Bramonas y no había paso, y como eso de volar por instrumentos no se me da, me tuve que arriar pa´ tras: pa´ La Paz. Me regresé para acá y por suerte, con el desmadre que traen del tapadero de calles estaba despejada la calle de anque el Killiki, y ahí afuerita estacioné el “Zopilotón Chollero”, como ya había bautizado la nave y rotulado con shinola donde tenía el signo de pesos con la ese al revés que le había pintado un Chairo, y me apeé.

Entré al sacro templo de las ballenas templadas, y mientras el del silbato me forjaba una escarchada pecho amarillo, salí al callejón de la vejiga a tirar l´agua, y en eso estaba, con los ojitos como huevito de paloma viendo pa’ dentro, cuando chingue su madre, sentí una agüita calientita mojando el chor con el que duermo y desperté en chinga. –Chingadamadre, mejor hubiera soñado con el avión del Baturi- pensé mientras trataba de acomodarme las pantuflas pa´ correr pa´l baño, aunque ya era demasiado tarde…


Emilio Arce Castro
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