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Evocaciones

Victor Octavio Castro

San José de Gracia

En julio de 2018, Humberto Castillo Lucero y su esposa Irma “Chatita” Reyes Murillo, me invitaron a San José de Gracia al festejo de sus 50 años de casados, me pidieron que les hiciera un reportaje; en dos o tres ocasiones anteriores había estado y me gustó el pueblito ubicado en un cañón en medio del desierto con árboles frutales, huertas y mucha agua, escenas que me recuerdan mi tierra, Caduaño en los años 60’s y 70’s, la primera vez que fui fue en 2003 cuando andaba de “guatero”, estuve un par de horas con la familia Reyes Murillo –que es donde llego– tiempo suficiente para que me preparan tamales de almeja pismo, muy sabrosos por cierto, sin rival, me regalaron varios para que trajera, a mi señora le encantaron.

En 2018 invite a mi compadre y cuñado Gilberto “Beto” Ojeda y a su esposa, Paty, mi señora y un servidor, siete horas de camino costeando el templado pacifico sudcaliforniano pasando por San Juanico, Las Barrancas, Cadejé y numerosos ranchos como la Ballena entre otros, invite a mi cuñado porque le hace y se le da muy bien la cocinada y allá podían ser muy útiles sus servicios –cosa que nunca se ocupó–, llegamos a media tarde a San José de Gracia donde nos estaban esperando con un par de charolas con callo de hacha, como plato fuerte una riquísima sopa de mariscos con cabezas de pescado preparada como Dios manda y de postre dulce de mango en almíbar, imagínense el tremendo atracón que nos dimos.

Después que almorzamos nos fuimos a una ramada que tienen en la huerta donde degollaron dos enormes chivos –debo decir que nunca había visto chivos tan grandes– para prepararlos en birria para el día siguiente, allí en esa ramada mi paisano Alejandro Marrón me presentó a Oscar Leggs que andaba jugando para delegado municipal de Cabo San Lucas, un tipo sencillo, de buen trato y hasta allí, ese mismo día en la noche sería el “jolgorio” (pachanga) las bodas de oro de Humberto Castillo y de Irma “Chatita” Reyes Murillo en la plaza pública del lugar, conmemoración que coincidió con las fiestas patronales de San José de Gracia, conocidas como la “fiesta del mango” –28 de julio–; Humberto contrató una señora de San Juanico para que preparara y sirviera la cena; tatema de res con ensalada de papas, frijoles y tortillas de maíz, otro día para el recalentado había menudo, de muy buen sazón, la señora que contrataron tiene un restaurante en San Juanico llamado “Crustáceo Cascarudo”, con una vasta clientela de norteamericanos.

En la cena-baile me la pase con el celular en la mano tomando fotos a diestra y siniestra, registrando cada detalle, gesto, expresión y movimiento que pasaba, baile un par de pieza y me tomé un par de cervezas, hacía mucho calor, en la noche nos fuimos a dormir al internado, el mismo internado que administró Humberto Castillo recién egresado de la Escuela Normal Urbana hoy “Domingo Carballo Félix”, allá por 1965, tendimos unas colchonetas en el piso, mi señora en toda la noche no pudo pegar las pestañas –según ella– por miedo a los sapos, había muchos sapos por la humedad y el verdor de las huertas.

Otro día vendría lo bueno, después de las celebraciones de las bodas de oro de Humberto y la “Chatita” y la fiesta del mango, se reunió  toda la familia Reyes Murillo a desayunar menudo, para el mediodía almorzar birria de chivo y carne asada, música en vivo en la ramada de la huerta, baile y mucha, mucha cerveza, recorrí un par de huertas con centenarias matas de mangos criollos, aguacates, cirguelos (ciruelos), guayabos, limas chichonas, plátanos, higueras, parras etc. –allí conocí un  árbol, quizás el único en BCS, con cuyas hojas se prepara una pócima para curar la rabia, no recuerdo el nombre del árbol que es muy parecido al cedro, frondoso y alto: en una visita al paso de Encinas, Manuelita Encinas, que cura la rabia, me confió cómo prepara las pócimas para curar la rabia– y pequeñas siembras de hortalizas y habas, junte en el suelo varios aguacates, más chicos que el común que conocemos (has), se comen con cáscara, cuando están maduros la cáscara se pone negra y es un difícil desprenderla de la pulpa, aguacate de un sabor inigualable, de hueso chico y con mucha pulpa, también me regalaron para traer lo que me permitieron comer aguacates de San José de Gracia durante varios días.

En 2003 cuando conocí el lugar, me tocó conocer la casa originaria de don Nemesio Murillo –hoy remodelada–, patriarca de la dinastía Murillo Aguilar, tuve el gusto de conocerlo y tratarlo, se hizo amigo de mi papá con quien corrió un par de parrandas, de esa dinastía conozco y he tratado a todos o casi todos, Jesús, Amadeo, Benito, Héctor y Rigoberto, este último contemporáneo mío, excelentes personas al igual que la prolífica familia Reyes Murillo, mis anfitriones en San José de Gracia.

Visité el antiguo panteón donde existen vestigios y ruinas de tumbas muy viejas que hasta la inscripción de las lápidas tienen borradas, no tuve tiempo de conocer dónde está el ojo de agua, pero si conocí varias huertas que forman un vergel en medio del desierto; San José de Gracia está ubicado en un cañón irrigado con agua que se filtra de la imponente sierra de Guadalupe, sus alrededores son terrenos planos de cerros pedregosos con escasa o nula vegetación.

Humberto me enseño por donde bajó de la sierra  Jesús “Chucho” Castro allá en los años 30’s, cerro de piedra suelta, sin vegetación de ningún tipo, de laderas muy pronunciadas (desfiladeros), increíble imaginarse cómo se las arreglaron aquellas familias para imponerse a las hostilidades del desierto, a las distancias y al abandono, el lugar con el que comercializaban llevando sus productos y adquiriendo mercancías en San Ignacio, tenían que recorrer grandes distancias a lomo de bestia por el 40 –así le llaman– y bordear la laguna de San Ignacio para llegar a San Ignacio, familias que formaron y le dieron vida a nuestra ancestral comunidad de sangre como los Murillo, Reyes, Aguilar, Rojas, Villavicencio, Arce, etc., que han escrito su propia historia de trabajo, esfuerzo, sueños y sudores en el desierto. Vaya estas modestas líneas para mi amigo y paisano, profesor Humberto Castillo Lucero, para su esposa, Irma “Chatita” Reyes Murillo, para sus hijas, hijos, nietas y nietos, para la familia Reyes Murillo y Murillo Aguilar, mi reconocimiento y respeto por siempre, en especial para Humberto Castillo Lucero, amigo de mi familia de toda la vida, que Dios los siga prodigando con sus bendiciones. ¡Enhorabuena!.

Para cualquier comentario, duda o aclaración, diríjase a victoroctaviobcs@hotmail.com


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