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Abuelos - Miguel Angel Aviles

Los abuel@s

Yo no conocía a ninguno de mis abuelos. Tampoco a mi abuela paterna.

A mi abuela y a mi bisabuela materna sí y con ellas parece que sí hubiera conocido a todos.

Sé que mi abuelo paterno se llamaba Nicolás como mi hermano, al que sí conocí, pero él ya se fue a seguir a mi abuelo.

Mi abuelo materno se llamaba Guadalupe, como mi hermana que aquí sigue para beneplácito de quienes la amamos como se ama a las hermanas y como también se ama a esas mamás que no son mamás pero que, por ser la más grande, le toca ser mamá adjunta de la mamá real y un día llegan a ser abuelas, como ya lo es.

Guadalupe también se llama una de las mujeres que más amo y que, quizá, la otra que más amo, un día la hará abuela y, a mí, abuelo, siempre y cuando así lo quiera, porque de ella, sólo de ella, será la decisión.

Mi abuela materna se llamaba Narcisa o Manuela. Bueno, se llamaba Narcisa, pero a mi bisabuela Manuela le decíamos nana, como se les dice en algunas partes a las abuelas.

Esa costumbre nos las arraigó mamá porque ella no se crió con mi abuela sino con mi bisabuela y mi bisabuelo.

Mi mamá un día se quedó sin mamá o sin abuela, pero quedó mi abuela, la verdadera, aunque sólo le dijéramos nana Narcisa, pero a secas, sin tanta emoción como le decíamos nana Manuela a mi bisabuela por quien se le puso así, Manuela, a mi otra hermana, quien, desde hace un buen, ya es abuela y también la amo.

Luego entonces, yo soy tío abuelo o algo así de sus nietos y otros tantos que ya hay por parte de mis demás hermanos.

Mi abuela paterna se llamaba María, como hoy se llama mi hija por mera coincidencia no por mi abuela, pero sé que un día ella también lo será.

Bueno, eso creo.

A mi abuela María que no conocí, me la presentaron una vez: estaba en una foto en blanco y negro, en la boda de mamá y papá antes de que fueran abuelos.

Mi mamá fue abuela y bisabuela.

Mi papá fue abuelo y bisabuelo, pero no lo supo o quién sabe, ya ven que en esas cosas del más allá, hay tantos misterios.

Yo un día tal vez sea abuelo cien por ciento, lo llegue a saber o no, como abuelos ya fueron mis hermanos y hermanas.

Insisto: eso creo, pero ya es cuestión y decisión de mi hija, quien tampoco conoció ni a su abuelo materno ni a su abuelo paterno. Tampoco al que fue su abuelastro quien también fue abuelo, abuelo, pero de otros que ya están grandes y pueden ser abuelos.

Mi hija, en tanto, sólo conoció a sus abuelas de uno y otro lado: de parte de su mamá, que ya dije que se llama Guadalupe como mi abuelo y Rufina, de parte de su papá que soy yo, que no me llamo como ninguno de mis abuelos, ni bisabuelos ni abuelastros.

A esas abuelas, las de mi hija a las que les decía nana como yo a las mías, sí las conocí.

Y también a sus abuelos, pero éstos ya están a donde se fueron los míos, mis abuelos, entre ellos mi tata Nicolás, él que se llamaba como mi hermano, más bien mi hermano como él, y que también fue abuelo y lo sigue siendo, aunque se haya ido.

Corrijo: ahora que me estoy acordando, yo sí conocí a todos mis abuelos y a todas mis abuelas, aunque no los haya tenido frente a frente.

Sí, sí los conocí. De hecho, son un encanto, y tiene una memoria, que ni muriéndose la pierden.

Tampoco la pierden los que se quedan y son ellos los que, de niños, te hablan de tus abuelos, para que los conozcas y sepas quiénes fueron.

Por eso un día los nietos nos ponemos a recordar estas cosas.

Ha de ser porque, de algún modo, los niños tienen memoria de abuelo y aunque el tiempo pase y aunque ellos ya no estén, todo lo recuerdan.


Miguel Ángel Avilés Castro
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