Korima PLACE

Icela, Meche, palomitas y Pink Steel

No recuerdo bien si fue Las Pirañas aman en Cuaresma, o La Primavera de los Escorpiones la película que el Cine California proyectaba esa tarde. Al modo cochi, la palomilla del barrio se las había ingeniado para entrar siendo menores de edad a esa función clasificada para mayores de 18, y aunque los demás ya aparentaban ser mayores, a mí todavía me faltaban unos cuantos créditos (varios semestres) para completarlos y poder entrar a verla legalmente.

El caso es que ya dentro del local, instalados hasta mero arriba de la luneta, al fondo, parapetados y armados hasta con una bolsa de palomitas, cada uno estábamos en bola entre las butacas, en el área de fumar para acabarla de chingar, esperando con las patas sobre el respaldo de la butaca de enfrente la aparición de la buenérrima actriz Icela Vega para recrear nuestra púber pupila. Mentiría si dijera que en esa época (y hasta la fecha) me fijaba mucho en la calidad del guion cinematográfico; Neta que desde que veía al cómico aquel de pantalones rayados y sombrero tipo Emiliano Zapata, el Chicote, jalándole las enaguas a la mera mera muchacha protagonista, rogándole con voz mal actuada la alcahuetería -“¿Por qué no quiere usté a mi patroncito?” -, desde que veía esas actuaciones acartonadas, tal como se estilaba en esa época, que parecía que todos los putos diálogos los estaba leyendo López Arvizu en las noticias del Canal de Los Lucero; el Canal Diez, me valía madre cómo actuaban. No me convencían sus actuaciones.

En fin pues, ahí estábamos atentos al desarrollo del filme, muy pendientes de la belleza, eso sí, inigualable de las susodichas actrices. Parsimonioso, lenta, muy lentamente para que aguantaran lo más posible, me comía mis pop corn casi chiquiteándolas con codicia. Las palomitas y el cine son el cóctel perfecto. Al rato, mientras el volumen de concupiscencia en la pantalla grande iba subiendo de rayitas, la palomilla, emocionada, daba cuenta de su propia bolsa de palomita a puños, emocionadísimos, hasta que les dieron mate. Hasta los pinchis chuniquitos quemados que quedan en el fondo de la bolsa se tragaron. Se acabaron las palomitas (las de ellos). Estaban emocionados aparte porque notaron los muy truchas que las revistas de Play Boy que distribuía el Chema Lucero en el barrio (carísimas por cierto), no tenían movimiento y la morra de la película sí. Y todavía le gritaban piropos estos méndigos como si la Meche Carreño o la Vega les fueran a hacer caso.

El caso es que estos hijos de la chingada se terminaron las palomitas de ellos y quisieron seguir comiéndose las mías, los muy culéis. No, pos yo con una sonrisita me dije: van a ver, pinchis suatos. Le hice un huequito al fondo de la bolsa de palomitas y por ahí introduje unos cuantos centímetros de acero color rosa y dejé descansar la bolsa palomera indefensa, abierta y rebosante de maíces saltarines, a merced de esos pendejos. Desde ese momento me valió madre la película, ya que de inmediato empecé a trazar mi ruta de escape.

Aunque casi estoy seguro que el primero que se dio cuenta del contenido de la bolsa fue el Jelipe, éste lo niega; sentí un agarrón en la goyema y me soltó rápido, pero creo que se hizo pendejo para no caer solo, porque ya dejó en paz la bolsa cuando vio que me estaba aguantando las ganas de soltar la carcajada. El caso es que, avorazado, el Pecas Mijo se quiso agandallar un puño gordo de palomitas y casi me la arranca de un tirón para luego mentarme la jefa con ganas. ¡Pinchi Milo Camilo te guá poner unos chingazos, pinchi morro! En lo que amenazó, tiró las palomitas, cerró el puño y alzó el brazo, ya era demasiado tarde. Mi ruta de escape fue infalible.

Los demás cabrones como que me quisieron corretear, pero lo dejaron pendiente porque les ganó la imagen de la pantalla. Brinqué en zigzag las butacas de más abajo carcajeándome ahora sí que a gusto. ¿Estaban buenas, pinchis pulgosos? Les grité recio, burlesco, al salir corriendo hacia la “salida de emergencia”, donde casi me tropiezo con el Carlos Tapia y el Nicho Lara, que apenas iban entrando al cine.

Los demás, ya después, ni pío dijeron. Se la tragaron pa’ no quedar mal… A ver qué día de éstos busco la película completa en Youtube para verla ahora sí.


Emilio Arce Castro
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