Korima PLACE

“A mi padre”

Hoy recordé a mi viejo
y reflexioné,
¿Por qué sólo se le escribe a la madre,
cuándo se ha tenido también a un gran padre?;
entonces vinieron a mi mente
los primeros días de mi infancia,
cuándo el me llevaba al campo
de aquel gran Valle de Santo Domingo,
donde me enseñó tantas cosas,
trabajando en el rancho,
siendo yo, apenas un niño;
por ejemplo,
me dijo que escardar la tierra,
es remover lo que tenemos adentro,
para quitarnos los lastres,
y así vivir más contento;
me enseñó, que, para sembrar la tierra,
primero se hacen los surcos,
y que cada uno de ellos
representa un camino,
por eso hay que elegir bien uno
para caminar por el mundo;
también me habló del “desahije”
que es quitarle a la siembra
las plantas que le estorban,
y que así hay que quitarnos los prejuicios
y los problemas que nos agobian,
que no nos dejan caminar
libremente por la vida;
luego me llevó a regar la siembra,
para que aprendiera,
que el amor y la amistad,
para que florezcan,
debe uno fertilizarlos y regarlos siempre,
con las atenciones y la cordialidad,
si es que se quiere que crezcan;
después me llevó a piscar
las hermosas motas blancas de algodón,
para enseñarme, que, al momento de llevarlo a la báscula,
para que pese más el costal
no hay que echarle ningún terrón,
y así con esas simples cosas
me enseñó la honestidad,
pues cuando quise hacerlo
inmediatamente me reprendió;
después quise cortar una sandía,
de travieso por ser un niño,
e inmediatamente me dijo,
que todo fruto tiene su tiempo,
y que hay que saber esperar,
pero claro, sin dejar de trabajar;
también me explicó, que,
si bien el Valle es plano
la vida no lo es así,
que en ella me encontraría problemas
que debería superar,
cuando del valle saliera
para irme a estudiar;
En fin, tantas cosas, te enseña el rancho
cuando tienes un padre a tu lado,
Es por eso,
que extraño tanto a mi viejo
que me dan ganas de llorar,
pero él quiere que esté contento
y que lo honre haciendo siempre
las lecciones que me dio,
cuando siendo yo apenas un niño,
él me llevaba al campo,
a pie o en sus hombros,
abrazándome y queriéndome tanto.

Autor: Ricardo Hernández Gómez


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